Uno de los errores más comunes es creer que:
“Seré feliz cuando… tenga pareja, gane más, me mude, me acepten.”
Este enfoque, llamado happiness postponement, retrasa indefinidamente la experiencia del bienestar.
La psicología positiva propone lo opuesto:
la felicidad es un proceso, un diseño de vida continuo, no un punto de llegada.
No se trata de una emoción permanente, sino de una manera de habitar el presente con sentido, conexión y apertura.
Como lo diría Viktor Frankl:
“La felicidad no puede ser perseguida; debe seguirse como consecuencia de una causa mayor.”
Cierre reflexivo
La felicidad es compleja, múltiple y dinámica. No es una emoción constante, ni una recompensa externa.
Es la capacidad de habitar la vida con sentido, autoconocimiento y construcción consciente.
Más que una meta, la felicidad es un arte interior que se entrena, se piensa y se elige.